El cuidado es parte constitutiva del ser humano. Somos seres que necesitan cuidado y que damos cuidado. Sin el cuidado dejaríamos de existir como comunidad, familia, y como humanos. Dentro del tejido social, hay personas que sienten vocación por cuidar de otros, por compartir la carga de otros y asumir los dolores de otros. Éstas se dedican a las profesiones reparatorias o también conocidas como profesiones vicarias.
Los que se dedican a las profesiones vicarias se encuentran en un dilema: Somos llamados a asumir los dolores de otros, pero tenemos dificultades en asumir los propios. Si descuidamos el cuidado de nosotros o si no permitimos que otros nos cuiden, terminaremos por ser incapaces de cuidar de otros. Erich Fromm decía que el amor al otro y el amor a si mismo no son excluyentes, sino que se complementan.
Es urgente que eduquemos a la iglesia a cuidar a sus líderes. Es urgente que los ministros comencemos a cambiar alguna cosa referida a la forma en que cuidamos a los demás. Es urgente que aprendamos a cuidar de los otros sin negarnos a cuidar de nosotros mismos.